Mercedes: la historia de mi vivencia

Un dia sentí la necesidad de aprender a parar, observar, escuchar el silencio y poder sentirme. No tenía energía para poder continuar y tenía 30 años.

A partir de ahí todo ha cambiado.

Reconocí mis orígenes y los pilares de mi educación: mis padres. Soy hija de una mujer excesivamente mental. Me costó mucho descubrir de dónde venía una de mis carencias emocionales más básicas. Mi madre, desde unos lugares intelectuales, siempre está ahí para mi, haciendo lo que considera más correcto. Mi madre, desde otros lugares emocionales, no puede conectarse conmigo. Su sentimiento no me llega y este vacío siempre me ha producido mucha rabia y tristeza. El amor de madre que me corresponde como ser humano ha sido una de las carencias de mi origen. Cuando era pequeña siempre decía que el corazón me lo había dado mi padre. En ese momento no era consciente de lo que decía. Hoy sí que lo soy. Gracias a mi padre, he crecido sintiendo una conexión emocional entre nosotros. He podido reconocer la fuerza del cariño. Todo esto envuelto en una atmósfera sofisticadamente civilizada donde la claridad brilla por su ausencia. Lo sutil es como la apariencia, engaña y confunde.

Aparentemente todo parecía perfecto y nunca hubiese podido imaginar que para poder empezar a trabajar conmigo misma, y poder salir de esa espiral, era necesario hacer un reconocimiento y una aceptación real de mis orígenes.

Desde mi adolescencia, he sido una persona con la cabeza muy bien amueblada porque mi educación excesivamente mental me guiaba, tomaba sus decisiones y sin ninguna consideración asumía el mando de mi vida. De repente, mi emocional se disparaba y destrozaba todo el orden que había creado mentalmente. No me conocía emocionalmente y no podía respetarme porque ignoraba que las emociones forman parte de mi y necesitan su atención y consideración.

Este proceso, se repetía contínuamente a lo largo de muchos años y siempre llegaba a un punto en el cual destrozaba, arrasaba con todo y tenía que volver a empezar desde el punto cero.

Cuando paré, empecé a crear un punto de partida completamente diferente. Dejé caer todo lo que tuvo que caerse, observaba y busqué ayuda porque me sentía incapaz de hacerlo yo sola.

Consideré la necesidad de hacer una terapia y encontré la persona que estaba buscando.

Reconocí que estaba totalmente desconectada de mis emociones. No sabía quién era yo. No le habia dado importancia a lo que me gusta o me molesta, sólo tenía claro lo que era de buena educación y lo que no. No podía respetarme. Siempre sumergida en el mundo de las formas.

Empecé a respirar, a aprender a frenar mi actividad mental. A crear silencio..........y empecé a sentirme.

Mi mundo emocional habia sido abandonado y castigado por mis pensamientos porque cuando explotaba , yo no podia aceptar esas malas formas sin sentirme culpable. Pero mis emociones estaban reivindicando su espacio vital dentro de mi. Porque ésa, también soy yo.

Es fascinante conocerse a uno mismo y me siento responsable de ser capaz de cubrir mis necesidades ya sean emocionales, mentales o espirituales. Todas forman parte de mi.
El proceso de aprendizaje ha de ser completo y quizás nuestro desarrollo evolutivo ha cometido un gran error: descuidar nuestra parte emocional. Yo me he ofrecido para experimentar conmigo misma a través de un gran esfuerzo y los cambios han sido muy positivos.
Me siento profundamente agradecida a todas las personas que han podido ayudarme y al mismo tiempo hago un reconocimiento a mi misma por todos mis esfuerzos. Me lo merezco porque no hay dia que no haga algo por aprender a respetarme. Continuaré en esta lucha desde mi voluntad y con mucho placer. Gracias a esta conciencia a veces consigo fluir como el agua de un río. Esta sensación de libertad me da la ilusión, fuerza y la energía que necesito para tener ganas de vivir.

http//merescomoes.blogspot.com/