LA LISTA DE DARWIN
La anécdota:
Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, no estaba seguro de qué le serviría el amor. Tenía casi 30 años cuando decidió reflexionar acerca de si le convenía, o no, casarse. Como la idea no le entusiasmaba en absoluto y era un hombre tímido y meticuloso, trazó dos columnas en una hoja de papel: razones para casarse y razones para no casarse. No le costó nada rellenar la segunda columna: tendría menos tiempo para dedicarse a sí mismo, para ir al club de caballeros, para leer… tendría menos dinero y además tendría que aguantar a los parientes de su esposa. Terminó la columna apuntando: “¿Cómo podría ocuparme de mis asuntos si cada día me viese obligado a ir a pasear con mi mujer? No aprendería francés, no viajaría a América, no iría en globo, ni a caminar solitario por Gales… pobre esclavo…”
La columna de los beneficios del matrimonio le pareció muy difícil de rellenar, tanto que solo apuntó: “tener esposa es mejor que tener un perro”, y como ventajas sólo se lo ocurrió “encantos de la conversación frívola femenina y de la música, cosas buenas para la salud, pero menuda pérdida de tiempo.”
Unos meses más tarde, Darwin se enamoró locamente de su prima Emma. El solterón desapareció: Darwin no dormía y estaba desesperado por casarse con su dulce Emma, según se desprende de su correspondencia. Se casaron, tuvieron 10 hijos y disfrutaron de una sólida vida familiar.
La herramienta:
Expertos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, han calculado que una buena relación personal debería comportar una media de 5 intercambios positivos por cada intercambio negativo. Por intercambio positivo, entendemos cualquier acto que haga sentirse bien a la pareja- una mirada, una caricia, una palabra de aliento, una acto de servicio o apoyo explícito… y vice-versa con lo negativo (podemos incluir aquí las carencias más notables, es decir, lo que no solemos recibir de nuestra pareja y que echamos de menos).
La herramienta consiste en hacer la lista de Darwin, pero encabezando las columnas con las siguientes preguntas: durante los últimos siete días, ¿qué emociones o intercambios positivos he tenido con mi pareja? ¿Qué emociones o intercambios negativos he tenido con mi pareja?
Con esta reflexión, podremos comprobar si nos acercamos a la media que recomiendan los expertos (5:1 a favor de los intercambios positivos.)

