Somos Únicos

Somos únicos. A cambio de ser únicos, de no ser clones, somos vulnerables hasta la mortalidad. Y vivimos inexorablemente con la certeza de nuestra fragilidad. En la infancia somos especialmente vulnerables: pequeños, indefensos, crédulos y con poca experiencia de vida. Los peligros nos acechan con facilidad. Por ello, nuestros desbordados padres y madres tienden a sobreprotegernos en lo físico, pero fácilmente pueden abandonarnos en lo emocional.

En este sentido disfruté hace pocos días de una entrevista en La Vanguardia a un ingeniero geofísico colombiano llamado Jaime Jaramillo, que ha ayudado a miles de niños a salir de las alcantarillas de Bogotá gracias a la labor de su fundación. Proporciona a los niños cobijo y un oficio; pero de su trabajo destaca que lo más importante es lograr ayudar a esos niños a recuperar su sueño, a recordar que tienen algo especial que dar a los demás. En vez de enseñar miedo y desconfianza a sus niños, Jaime Jaramillo les enseña a recuperar el sentido de quienes son y a expresarlo de forma constructiva para compartirlo con los demás. Les recuerda que, por encima de las dificultades diarias, no pueden abandonar las grandes preguntas y retos de sus vidas únicas; que no pueden abandonar su sueño. Creo que la labor de padres y maestros no puede tener un sentido más hermoso que éste.