La llegada de los Reyes Magos
5 de enero 2009. Esta noche, como cada año, esperaré la llegada del tractor de los Reyes Magos, cargado de luces y de regalos, acompañados por un séquito impresionante de pajes y soldados. Costará llegar hasta la plaza del pueblo por las calles empedradas, iluminadas tan solo por algunas antorchas de fuego. Los niños del pueblo llevarán farolillos y harán cola para sentarse en las rodillas de sus Majestades. Todos en el pueblo habrán participado generosamente para recrear una noche tan especial para los más pequeños.
Recuerdo un año en el que mi sobrino Arthur, de Burdeos, vino a pasar Reyes con nosotros. Cuando llegó su turno, en vez de trepar hasta las rodillas del rey mago, se arrodilló con devoción ante Gaspar durante los minutos que duró su turno. El Rey Gaspar hablaba sonriente y Arthur escuchaba maravillado. Cuando el niño se levantó y regresó corriendo hasta nosotros, le preguntamos: “¿Qué te ha dicho el rey mago? “No lo sé, no he entendido nada de lo que me ha dicho. ¡Pero ha sido genial!” Habíamos olvidado avisar a su Majestad de que Arthur solo hablaba francés. Pero al niño eso no le había importado nada en absoluto. Las emociones positivas son contagiosas: un entorno cariñoso y las ganas de Arthur de ser feliz habían sido suficientes para crear un mundo mágico en el que sobraban las palabras y las explicaciones.

