El lenguaje de las emociones
¡Hola, Navegantes! Últimamente he viajado mucho, por motivos de trabajo, para conocer a personas muy diversas- conferencias para un público amplio, aulas de padres, congresos contra la violencia, talleres para el bienestar, charlas con maestros, encuentros con orientadores sociales… Es un privilegio poder intercambiar ideas y compartir experiencias con tantas personas a las que conozco en estos viajes, breves pero intensos. ¡Gracias a todos desde aquí!
Siempre me asombra que aunque hable de temas diversos en función de los intereses de las personas que me invitan a visitarlas, lo que realmente destaca de estos encuentros es la fuerza y la universalidad de las emociones. Son nuestro único lenguaje universal y común. Sobrevuelan incluso por encima de los arquetipos con los que reconstruimos o reforzamos nuestra identidad, bien sean de género, culturales o familiares; aunque éstos a veces nos habitan con una fuerza que oscurece de forma artificial el hecho de que es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa. Todos sabemos lo que es reír y llorar; todos sabemos intuitivamente que estamos dotados de la capacidad, tal vez a partes iguales, para amar o para odiar; para huir e ignorar, o para ayudar. Es una elección diaria entre el amor y el miedo. Y esta elección depende, en buena medida, del entorno en el que nos movemos, de las imágenes con las que nos alimentamos, de los pensamientos y emociones que decidimos, consciente o inconscientemente, albergar en nuestro interior.
La elección entre el amor y el miedo también depende de que saquemos a la luz nuestras emociones, de que las comprendamos, que de reconozcamos su impacto en nuestro comportamiento diario, de que seamos capaces de desenmascarar los sesgos automáticos del cerebro, a veces tan traicioneros. Solo así conseguimos aprender a convivir en paz con nuestras emociones y con las de los demás.
¡Un abrazo fuerte a todos!

