Desde el fin del mundo

Julio 2009

Desde, literalmente, el fin del mundo- Finisterre, en Galicia- he tenido la malísima idea de comprar un periódico y leer la noticia de los menonitas violadores y violados. Me cuesta dejar entrar tanta maldad y tanta inmundicia en un lugar tan hermoso como éste, con atardeceres larguísimos envueltos en la exhuberancia de la naturaleza.

Pero no se puede, siempre, mirar hacia otro lado. Cuenta una reportera boliviana cómo, en el transcurso de un reportaje sobre estas colonias de vivir anticuado y supuestamente pacifista, le tocó dormir en casa de uno de los siete hombres menonitas acusados de haber violado a centenares de niñas y mujeres de las colonias. Entraban en sus casas y dormían a las víctimas con potentes gases. Violaron sin piedad, durante años. Las víctimas callaron- las niñas, porque no comprendían, al despertar, qué les había pasado. Las mujeres, porque pensaban que las violaciones “eran cosa del diablo”.

La reportera relata como el hombre en cuya casa durmió violó esa noche a su hija de 5 años. “Nononono”, escuchó mientras la pequeña sollozaba. La madre, esquiva y abatida, solo hablaba el dialecto alemán de sus antepasados. Imagino la enorme ignorancia y miedo ancestral en el que obligan a vivir a esas mujeres, despojadas de lo imprescindible para poder protejerse, hasta que algunas se convierten en seres no solo patéticos, sino peligrosos.

Resulta aún más repugnante cuando los abusos y la tortura se cometen en nombre de la cultura. En nombre de la cultura y de las tradiciones, perpetramos daños terribles contra millones de mujeres y niños en todo el mundo, sin que nadie nunca levante una mano para protegerles.
¿Qué es cultura? Solo el conjunto de nuestros actos y costumbres. Por sí misma, esa palabra no revela si lo que encierra es bueno o es malo. Cuando ensalzamos y blindamos el concepto de cultura sin reparar en lo que encierra, todos somos cómplices: los unos, cuando pasamos por alto los derechos humanos básicos de mujeres y niños en nombre de culturas y tradiciones que son meras tapaderas para crear sociedades de víctimas y de verdugos. Los otros, porque ya solo tienen que llegar y asestar el golpe, mientras todos miran hacia otro lado.