¿Qué es cultura?
Desde, literalmente, el fin del mundo- Finisterre, en Galicia- he tenido la malísima idea de comprar un periódico y leer la noticia de los menonitas violadores y violados. Me cuesta dejar entrar tanta maldad y tanta inmundicia en un lugar tan hermoso como éste, con atardeceres larguísimos envueltos en la exhuberancia de la naturaleza.
Pero no se puede, siempre, mirar hacia otro lado. Cuenta una reportera boliviana cómo, en el transcurso de un reportaje sobre estas colonias de vivir anticuado y supuestamente pacifista, le tocó dormir en casa de uno de los siete hombres menonitas ahora acusados ahora de haber violado a centenares de las niñas y mujeres de sus colonias. Entraban en sus casas y dormían a las víctimas con potentes gases que proporcionaba el veterinario menonita. Violaron sin piedad, durante años. Las víctimas callaron- muchas, las niñas, porque no comprendían, al despertar, qué les había pasado. Otras, las mujeres, porque pensaban que las violaciones “eran cosa del diablo”.
La reportera relata como el hombre en cuya casa durmió violó esa noche a su hija de 5 años. “Nononono”, escuchaba mientras la pequeña sollozaba. Describe la cara desencajada y la mirada inmensamente triste de la niña a la mañana siguiente, y la mirada esquiva de la madre, que como otras mujeres menonitas de esa colonia, solo hablaba el dialecto alemán de sus antepasados. Imagino con pena y rabia la enorme ignorancia y miedo ancestral en el que obligan a vivir a esas mujeres. Les lavan el cerebro hasta que algunas se convierten en seres no solo patéticos sino peligrosos. En nombre de la cultura y de las tradiciones, perpetramos daños terribles contra millones de mujeres en todo el mundo, sin que nadie nunca levante una mano para protegerlas. ¿Quién clama por ellas? ¿Quién reclama sus derechos? Nadie se molesta. Tras ellas van sus hijas, que repiten las tragedias sin poder remediarlas.
Cuando desprotegemos a la vida humana de las herramientas básicas para poder defenderse, aseguramos una víctima incapaz de emitir siquiera una queja. Qué cómodo. Resulta aún más repugnante cuando los abusos y la tortura se cometen en nombre de la cultura. ¿Qué es cultura? Solo el conjunto de nuestros actos y costumbres. Por sí misma, esta palabra no revela si lo que encierra es bueno o es malo. Cuando protegemos el concepto de cultura al margen de lo que encierra, todos somos todos cómplices: los unos, porque no insistimos lo suficiente para garantizar a los más vulnerables el derecho a una educación básica. Pisoteamos los derechos humanos básicos en nombre de culturas y tradiciones que son meras tapaderas para crear sociedades de víctimas y de verdugos. Los otros, ya solo tienen que llegar y asestar el golpe, mientras todos miran hacia otro lado.

