La importancia del vínculo de apego y de la comunicación
Una lectora me ha escrito esta semana para compartir su descubrimiento de una página web belga llamada “Petales”, dedicada al estudio y apoyo a los padres de hijos, adoptados o biológicos, que sufren algún trastorno del vínculo de apego: www.petales.org
En ella, los autores recuerdan el trabajo del pedagogo John Bowlby, y más tarde Mary Ainsworth, y aportan la experiencia de cientos de familias que viven con niños que, por razones diversas, no han desarrollado un vínculo de apego seguro con sus madres, padres o cuidadores. Nos recuerdan que el desarrollo de este vínculo en la primera infancia es determinante de cara a la consolidación de una personalidad sana: para hacer frente al estrés y a las frustraciones, gestionar las emociones y el miedo, tener relaciones plenas con los demás, ser autónomo, tomar decisiones equilibradas y lógicas…
La web Petales menciona estudios que muestran tres tipos de comportamientos básicos típicos en la etapa adulta, que se parecen mucho a los elaborados por Mary Ainsworth para la etapa infantil: “un 27% de personas adultas desvinculadas(indiferentes y no comprometidas emocionalmente), un 56% de personas autónomas (con cómodo acceso a sus emociones) y un 17¨% de personas preocupadas (confusas e incoherentes ). Se comprende aquí la importancia primordial de la calidad de estos primeros vínculos. Se puede fácilmente deducir de ello la necesidad de trabajar en el restablecimiento de la confianza en sí mismo..." y la importancia de la labor de los padres en este sentido.
La asociación Petales plantea entonces una pregunta que me parece clave: “¿Pero no se puede contar con nadie más que con los padres? Bowlby lo pensaba así y había emitido la hipótesis de que no existiría más que una sola figura para el vínculo afectivo posible ( la madre). Numerosos estudios realizados después han desmentido esta teoría y han mostrado que lo que cuenta ante todo es la calidad respectiva de los diferentes entornos y personas que el niño encuentra. El padre y la madre, la familia y los profesionales de la infancia no pueden excluirse unos a otros. Lejos de ser un peligro, la existencia de varias figuras de vínculo afectivo constituye un enriquecimiento y un factor de “resiliencia” para el niño. Habrá así una figura de vínculo afectivo principal y figuras de vínculo afectivo secundarias que le llevarán a explorar nuevas relaciones sin riesgos.”
Resulta esperanzador comprobar de nuevo que nuestra capacidad de comunicarnos emocionalmente con los demás, con generosidad y naturalidad, puede ayudar a reparar daños profundos. Deberíamos ser capaces de trasladar urgentemente la importancia y la responsabilidad que todos tenemos de cara de aprender a expresar afecto y apoyo a los demás y a desarrollar patrones emocionales positivos y coherentes.
Cuando educamos a las personas en la falta de empatía, en la incomunicación y en la pobreza emocional, las consecuencias son de amplio alcance, no solo para el individuo, sino también para la sociedad. Es responsabilidad de todos- escuelas, gestores educativos, individuos, colectivos sociales, medios de comunicación…- y no solo de los padres, el apoyo activo y eficaz de cara a la educación de niños y adultos responsables y felices.

