TOMAR LAS RIENDAS DE TU VIDA
Hablamos de la importancia de sentirnos responsables de nuestras vidas, y esto es algo que el célebre experimento de las ratitas apuntaba hace años. En este experimento, 4 ratitas se sometieron a descargas eléctricas aleatorias. Solo una de las ratitas disponía de una palanca que a veces, pero solo a veces, lograba interrumpir la descarga para ella y para las demás ratitas. Pues esa ratita, la que sentía que tenía algo de control sobre su vida, sobrevivió varias semanas a la muerte prematura de las ratitas que no tenían palanca. Las condiciones de vida eran las mismas para las 4 ratitas, pero solo 1 sentía que controlaba las circunstancias de su vida, al menos hasta un punto. Y esa sobrevivió contra todo pronóstico.
Y en esa misma línea, hace un par de años, se publicaron los resultados de un estudio muy esperado sobre los efectos de las oraciones sobre enfermos graves. Los pacientes a los que se informaba de que alguien iba a rezar por su resuperación tenían menos probabilidades estadísticas de recuperarse. Una razón probable para este resultado es que un paciente tentado de eludir su propia responsabilidad en su curación, dejándola en manos de terceros, debilita sus posibilidades de lucha y de superación.
Creo que esta es una buena metáfora para ilustrar qué significa responsabilizarnos de nuestras vidas.Cuando controlamos conscientemente nuestras decisiones, cuando sabemos que nuestras acciones y actitudes cuentan, evitamos culpar a los demás de nuestros errores o de nuestras decepciones. Luchamos activamente por nuestras vidas, no las dejamos en manos de los demás.
¿Y cómo podemos detectar si nos sentimos responsables de nuestras vidas, o si por el contrario tendemos a achacar nuestros problemas a los demás?
Os propongo para ello este sencillo ejercicio. Tiene dos pasos:
1. Observa cómo hablas con la familia, los compañeros de trabajo y los amigos. ¿Asumes la responsabilidad de lo que te ocurre, o culpas a los demás? ¿Te quejas a menudo de la influencia de tus padres, de tu infancia, del dinero que gasta tu familia? ¿Inventas disculpas cuando algo sale mal? Ante todo, elimina de tu forma de pensar y de hablar el hábito de culpar a los demás. Recuperarás autonomía y libertad.
2. Escucha lo que opina de este tema una persona de tu entorno a la que respetas. Pregúntale: ¿Crees que asumo la responsabilidad de mi vida, o crees que echo balones fuera y culpo a los demás? Escucha su opinión sin ponerte a la defensiva. La opinión constructiva de una persona que nos quiere y nos conoce bien puede ser muy útil para reflejar aspectos que podemos mejorar.

